Desde ya, si no has visto el documental “Tres idénticos desconocidos” (2018), agregada recientemente en la cartelera de Netflix, te recomiendo que vayas a verla ya que analizaré la historia “Behind Scene” de este documental.

tres remastered

“Tres idénticos desconocidos” (o “Vidas separadas”, como lo tituló Netflix) se nos presenta como una película de no ficción, de producción británica, que narra la historia de Eddy Galland, David Kellman y Robert Shafran; hermanos trillizos nacidos el 12 de julio de 1961, en Nueva York, y que fueron dados en adopción. Los tres desconocidos descubren que son hermanos 19 años después de su nacimiento, auspiciados por el azar del destino y la fortuna.

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Los periódicos, la prensa local e internacional y el showbiz, todos quedaron eclipsados por la sorprendente historia de los hermanos trillizos, convirtiendo aquello en un espectáculo mediático al mejor estilo de los años 80 bajo la influencia de una televisión sensacionalista. Esto convirtió a los hermanos en las estrellas del momento quienes, aprovechando su creciente fama, terminaron por abrir un restaurante en Nueva York bajo el nombre “The Triplet´s” (Los Trillizos) e incluso aparecer en un cameo en la película “Buscando a Susan desesperadamente (1985)”, protagonizada por Madonna.

 Aquella historia de los hermanos trillizos pendulaba entre la gracia y la empatía. Su historia era vista con genuino asombro bajo una terneza absoluta por el reencuentro de los hermanos tras los giros inesperados del destino, las coincidencias y el surrealismo. Los hermanos disfrutaban de la buenaventura de la unión fraternal y todo parecía ir como debía: navidades y año nuevo entre hermanos, la fama, la alegría, el matrimonio y la paternidad. Recuperaban años perdidos que les habían sido negados desde su nacimiento.

 Sin embargo, la vida de los hermanos sufrió un revés que destaparía todo lo que detrás de aquel reencuentro se ocultaba. En 1995, luego de luchar contra una enfermedad mental, Eddy Galland se suicidó. Ese mismo año, el laureado periodista y ganador del premio Pulitzer, Lawrence Wright, publicó un artículo en The New Yorker donde revela turbulentos estudios psicológicos perpetrados por el renombrado psicólogo Dr. Peter Neubauer bajo la organización Child Development Center. Aquel estudio consistía en separar a gemelos y trillizos desde su nacimiento, estudiar sus comportamientos con visitas filmadas a domicilio al tiempo que informaban a los padres adoptivos que aquello era “un estudio para documentar el progreso de los niños dados en adopción”, cuando realizaban estudios psicológicos sobre el crecimiento y desarrollo sociocognitivo de los recién nacidos y posibles enfermedades mentales hereditarias.

 La agencia de adopción Loise Wise Services, asociados con la Junta Judía de Familias y Servicios Para Niños con sede en Nueva York, separó intencionalmente a los tres recién nacidos y los dio en adopción a tres familias con condiciones específicas previamente seleccionadas: una de clase baja, otra de clase media y otra de clase alta. La intención era realizar una investigación, a las sombras de las familias adoptivas y de la opinión pública, sobre el efecto del ADN, los trastornos mentales y la educación recibida en el desarrollo psicológico humano. Esto tomando en consideración que los padres biológicos, bien sea la madre, el padre, o ambos, sufrían algún tipo de trastorno psicológico.

Trailer oficial de “Tres idénticos desconocidos”

El documental, dirigido por el británico Tim Wardle, nos muestra el desencanto sufrido por los hermanos David y Robert –ya Eddy había muerto para el momento del estreno del documental– quienes tuvieron que darse cuenta de que los hermanos no solamente fueron separados al nacer, sino que también formaban parte de un turbio experimento al que se le fue negado cualquier tipo de conocimiento. Por todo ello, el documental sufrió continuos desaires que impedían tanto la producción como su eventual estreno. Varios fueron los inversionistas que se retiraron del proyecto, incluso los hermanos no deseaban que se dieran a conocer detalles de su historia ya que significaría exhibir un pasado no menos que nefasto para ellos. Dicho por el propio director Tim Wardle, cuando le preguntaban cómo terminaría la obra documental el respondía “No lo sé”.

 Finalmente, el documental se estrenó en el Festival Cinematográfico Internacional Sundance del 2018, recibió buenas críticas y varios reconocimientos, incluida una nominación en los premios BAFTA del mismo año en la categoría “Mejor Documental”.

Son muchos los idénticos extraños

 

Los hermanos Eddy (†), David y Robert, no fueron los únicos en ser víctimas de la retorcida conspiración científica perpetrada por el Dr. Peter Neubauer. En el documental se habla de al menos 8 grupos de hermanos entre gemelos y trillizos separados al nacer y dados en adopción por la misma agencia.

 Uno de los casos más conocidos es el de las mellizas Michele Mordkoff y Allison Kanter quienes, al igual que los trillizos, fueron separadas cuando tenían cinco meses de nacidas y dadas en adopción en la ciudad de Nueva York. Las niñas, por supuesto, desconocían que eran gemelas y este desconocimiento tomó 50 años en revelarse. Luego del estreno del documental, Michele Mordkoff reconoce el nombre de la agencia de adopción Loise Wise Services. Ya que fue la misma agencia que la dio en adopción. Intrigada por el escandaloso entramado que involucraba a la mencionada agencia inicia una investigación a través de la compañía Ancestry.com LLC, la empresa de genealogía más grande del mundo. Fue allí donde se reveló que tenía un familiar muy cercano que vivía en California. Al contactar a este familiar, bajo una mezcla de ansioso escepticismo, se citan para verse. Al estar frente a frente se dan cuenta que una era el reflejo perfecto de la otra: eran gemelas. Finalmente, Michele conoce a su hermana gemela Allison Kanter.

 Entonces, más allá de los casos revelados en el documental y los que a raíz de este se dieron a conocer, uno puede intuir la existencia de decenas de casos de hermanos separados al nacer y dados en adopción por esta agencia que hoy día ya no presta este servicio.

tres identicos desconocidos

Un guiño a prácticas nazis

 

En palabras del propio Robert Shafran, uno de los hermanos trillizos, en una entrevista realizada por el portal vice.com al preguntársele cuál era su percepción ante los médicos a raíz del experimento del cual fue víctima sin saberlo, su respuesta fue: “Esto es como un experimento Nazi”.

 Robert Shafran, al igual que sus hermanos, fue criado y educado bajo la religión judía, por lo que sentirse parte de un cruel experimento nazi puede ser lo más lógico para él. Si bien los experimentos nazis desarrollados por el perverso Josef Mengele fueron desalmados y barbáricos, lo que Shafran nos demuestra es que las similitudes que existen en su caso son un guiño retorcido a las prácticas desarrolladas en el Berlín del Tercer Reich.

Y si el hecho de ser víctima de una elaborada conspiración médica no alcanza, que este entramado haya sido perpetrado por una junta perteneciente a la comunidad judía contra niños criados bajo la religión judía, lo hace aún más escandaloso.

 El documental entonces nos abre un abanico de posibilidades sobre este tipo de prácticas a lo largo de la historia médica, en especial en lo Estados Unidos. Las investigaciones psicológicas, en la medicina, en sus métodos y prácticas nos llevan a preguntarnos qué tan seguro podemos estar de que este no haya sido el único caso, ¿hasta qué punto se puede engañar a una o varias personas por el bien de la ciencia? En la historia del siglo XX ha habido casos que responden esa pregunta y son precisamente esos casos donde pareciera que se hizo caso omiso al código de ética de la medicina y se cruza el horizonte de lo que se puede y no puede hacerse.

 Tal es el caso del Experimento Milgram, realizado por el psicólogo Stanley Milgram en 1963, inspirado en los crímenes de guerra nazi donde, en los juicios, todos los crímenes estaban enfocados en la “obediencia”.

 Así mismo, el caso del Experimento Tuskegee realizado en Alabama por el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, entre los años 1932 y 1972. Este estudio fue empleado en afroamericanos, en su mayoría analfabetos, quienes fueron infectados con sífilis sin su conocimiento. Se intentaba observar la progresión natural de la enfermedad si no se trataba, en muchos casos hasta la muerte del sujeto de prueba.

 Y uno de los estudios más turbios y alarmantes fue el experimento con el pequeño Albert, realizado en 1920, igualmente, en Estados Unidos. Albert, un bebé estadounidense de 9 meses, pasó a la historia de la psicología como “el pequeño Albert”, siendo su verdadera identidad todo un misterio. El Dr. John Watson y su asistente, Rosalie Rayner, expusieron al “pequeño Albert” a distintos “estímulos” con el propósito de influirle miedo al punto de generarle una fobia que usualmente no le causaría temor a ninguna persona. Watson quería probar que los miedos, las fobias, incluso el pánico se podía condicionar a un infante emocionalmente estable.

 

Protegidos ¿Por el bien de la ciencia?

 

Sin caer en el sensacionalismo descriptivo de estos “estudios psicológicos”, resulta no menos que espeluznante pensar en ellos; en el daño psicológico que los humanos pueden causarle a otros humanos, menoscabando sus derechos fundamentales, por “el bien de la ciencia”.

 Si bien, hoy día la comunidad médica internacional considera estas prácticas como criminales, nos sorprende que aún muchas de esas prácticas encuentren respaldo y protección por comunidades científicas. Volviendo al caso de los hermanos trillizos, la Universidad de Yale, una de las universidades más importantes de los Estados Unidos, resguarda los informes médicos y sus resultados –que datan de 1960 a 1980– en una bóveda de seguridad y embargados hasta el año 2066, solo accesible a la Junta Judía de Servicios para Familias y Niños.

 Gracias al éxito del documental, los hermanos, por medio de abogados, han podido acceder a 10.000 páginas de informes sobre el estudio psicológico aplicado en ellos que no revelan más que anotaciones vagas e inconclusas. Se estima que para el año 2066, una vez finalizado el embargo, todos aquellos que fueron parte de la investigación realizada por el Dr. Neubauer hayan fallecido.

 Y este no es el único estudio psicológico avalado por la respetada Universidad de Yale, también respaldó el “Experimento de Milgram”. Hoy día aún siguen realizando diversos estudios psicológicos en bebés y adultos.

 

No solo es en Estados Unidos

 

No podemos señalar a Norteamérica como el acreedor exclusivo de este tipo de prácticas. En México, al menos un centenar de personas fueron víctimas de un experimento cerebral. Alrededor de 194 personas se les implantó un dispositivo en el cerebro para tratar la hidrocefalia, enfermedad sobre la acumulación de líquido dentro de las cavidades profundas del cerebro. El dispositivo carecía de licencia médica y fue implantado sin el consentimiento de los pacientes.

 En España, El Defensor del Pueblo de ese país, decidió paralizar en 2019 un experimento de estimulación cerebral para conocer mejor las áreas del cerebro relacionadas a la agresividad. El experimento fue efectuado, desde el 2016 hasta el 2019, en presos agresivos recluidos en las cárceles de Huelva y Córdoba. En el estudio participaron 41 reclusos a los que se les suministraba una descarga eléctrica de 1.5 miliamperios, 15 minutos al día, durante tres días consecutivos. El estudio se detuvo por sospechas de la no voluntariedad de los sujetos de prueba en vista de que eran personas bajo un régimen de reclusión.

 A finales de 1964, en Wiltshire (Reino Unido) un grupo de 16 personas, comandos de la marina real británica, empezaron a comportarse de manera poco usual. Mientras realizaban maniobras militares, algunos soldados salieron a campo abierto, exponiéndose al fuego enemigo, al tiempo que otro grupo alimentaban y correteaban pájaros imaginarios. Algunos corrían desorientados y se subían a los árboles simulando ser monos trepadores. Incluso, según los informes y evidencia fotográfica que puede verse en el “Museo Imperial de la Guerra” (Imperial War Museum) ubicado en Londres, Inglaterra, hubo quienes empezaron a apuntar a sus compañeros con sus propias armas. Finalmente, el informe reseñó que “el grupo se desorganizó, cayendo en la indisciplina y no eran capaces de seguir órdenes”. Lo que desconocían era que les habían dado 75 microgramos de LSD.

 En definitiva, si bien el estudio del comportamiento humano es necesario para el avance y mejor comprensión de la psiquis, esto debe realizarse bajo el consentimiento voluntario y manteniendo la virtud del decoro y la nobleza que nos brinda la medicina y las ciencias en general.  Como seres humanos, estamos expuestos a ser juzgados por nuestro propio pasado, uno que entre medio de turbulentas épocas de guerra y genocidio aún –para bien o para mal– no hemos olvidado. La información transparente juega un papel preponderante en las generaciones futuras donde prevalezca el juramento hipocrático por encima de los anhelos científicos nublados por ambiciones personales y de dudosa moralidad.

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