Resolución: acción y efecto de resolverse. Cosa que se decide. Determinación. Así aparecen las acepciones en el diccionario de esa palabrita que ocupará en este último mes cientos de hojas de entusiastas buscadoras de ánimo y voluntad para el año entrante.

Como cada 31 de diciembre buscarán un momento de tranquilidad. Se harán un trago de su bebida decembrina favorita, se apartarán de la música a alto volumen y se pondrán a escribir las resoluciones principales que quieren cumplir en el 2024. Cabe destacar que ellas antes tenían en mente un número específico, pero ahora habrán concluido que escribirán las que salgan. Les han dicho a sus amigas que esta vez sí confían en su voz interior que no se cae a mentiras y harán las justas, con olor a nuevo de verdad. Por supuesto cada vocecita le susurrará a su dueña que le ponga el bozal al ego que seguro saldrá a la defensiva y echará por tierra cualquier plan resolutivo.

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Doy fe que conozco a gente que las escribe en mayúsculas resaltadas y coloridas. Sé que ese conjunto de fieles a su costumbre llenará páginas bellamente decoradas con todo lo que pretenden lograr en futuribles 365 días. Esas declaraciones serán hechas con sonrisas, manos en el pecho, quizá acompañadas por un cántico de los Himalayas para darle más power al asunto.

A diferencia de esa otra gente que dice sin empacho que no las hace porque se encarga de vivir como salga, como surja, de acuerdo con los tránsitos astrológicos, el alza en los mercados bursátiles, los reportes de brujos mediáticos y las tendencias en redes sociales.

Pero más allá de viejas resoluciones yo sugiero que mejor podríamos tomarnos estos días para analizar cómo estamos siendo hoy, en este ahora cuando escribo esto y para cuando lo leas tú. ¿Cuánto hemos mejorado como ser humano fuera de las redes sociales? ¿Cuánta empatía hemos fortalecido dentro de nosotros hacia la gente real que tenemos a un abrazo de distancia? ¿Cuánto tiempo nos hemos ocupado de nutrir nuestro intelecto con lecturas poderosas en pdf, libros reveladores en físico o en línea y con artículos académicos disponibles? ¿Cuánto nos hemos ocupado de ampliar nuestra sensibilidad leyendo poesía o dramaturgia? 

Yo te invitaría, como lo estoy haciendo yo conmigo a través de mis palabras escritas, a planificar una vida más en el offline. Recuperar nuestro poder personal y libertad de acción sin tener la necesidad de estar sujetos, inconscientes y presos de un dispositivo móvil. Dejar a un lado el imperioso impulso de validarnos frente a otros, imponernos ante puntos de vista discordantes al nuestro, querer tener la última palabra en un comentario en Ig, un tuit (o mensaje ex, equis) o dentro de YouTube.

Imagina un día donde dejemos el móvil en casa y disfrutemos de 24 horas haciendo lo que solíamos hacer sin la tecnodependencia emocional de un rectángulo mágico y sus propiedades adictivas. Suena difícil ¿no? Seguro pensaste en el teléfono y tu familia; el WhatsApp y tus amigos; las bondades del GPS, la maravilla de la banca móvil, la cámara siempre lista; las notas de voz tan útiles; la lupa, el convertidor de medidas… ¡Uf!

Más viento y despeine, más naturaleza en vivo y directo; manos libres y mente despejada de si vieron la publicación, si hicieron algún comentario; si alguien escribió por mensaje privado; si una llamada perdida, un mensajito vía Messenger. Menos agobio por las plataformas, aplicaciones y programas que nos están deshumanizando cada vez más.

Brindemos a distancia, amable lector/ra, por la llegada del 2024. 

Alcemos nuestras copas para que seamos menos conflictivos y más altruistas. Celebremos que todavía somos sensibles y que persistimos en creer en la humanidad.

Feliz vida, mejor año.
Mis respetos,
Florángel.

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