Hace un par de años en una reunión de amigas conocí a alguien que me presentaron como “la gurú de los jugos”, una mujer muy simpática que se especializaba en hacer bebidas nutritivas y adelgazantes.

Al rato de la animada conversación sufrí un cortocircuito cuando se espantó porque le dije que me hacía mi café con leche de vaca. Abrió los ojos y me vio con desprecio mientras decía, dirigiéndose al grupo, lo nefasta, apocalíptica e irracional de hacer lo que yo hacía.

#momentoincómodo podría haber escrito en mi diario. A partir de ese instante se dio a la tarea de explicar toda la malignidad de ser omnívoro, bueno no usó esa palabra, dijo simplonamente eso de “comer carne”. En un espacio de su discurso le pregunté con mi mirada ingenua: Como nutricionista has visto muchas estadísticas de eso, ¿verdad? Y allí calló (♪♫♬¡Allá cayó, allá cayó!): no era nutrióloga ni nutricionista ni dietista certificada. Solo era guapa, fitness, carismática y tenía un emprendimiento que le reportaba buenas ganancias.

Ajá #AhOk

El exilio, los recuerdos y Cadenas

El exilio, los recuerdos y Cadenas

Acerca del exilio uno pudiera decir muchas cosas, pero creo que lo peor de todo son las devastaciones que van quedando en el alma”, expone Miguel Ángel Latouche.

Mucha gente empieza a endiosar a personas por sus triunfos monetarios debido a las redes sociales y a otras complejidades relativas a lo aspiracional, la autoestima y la hipervaloración de otros por algún rasgo superior (en apariencia) al nuestro. El reconocimiento del saber, del estudio serio y metódico debería ser la pauta, sin embargo, vemos a diario la irrupción de influentes que se leyeron una decena de artículos, practicaron por un mes algo y ya se cuelgan un rótulo rimbombante que sugiere la pericia en un área determinada.

Sería estupendo que se despertara la conciencia hacia la necesidad de conocer más. Estar en la capacidad de dudar de lo que otro nos dice, dirigirnos a investigar por nuestra cuenta, leer comprensivamente y reflexionar; aprender sobre un tópico que nos interese sea nutrición, ejercicios, psicología, en fin. Tener hambre de conocimiento, ser epicúreos con nuestro intelecto y el placer de ser inteligentes, racionales, curiosos empedernidos. 

Hay que desnormalizar que cualquiera pueda aconsejar o criticar o validar una práctica específica. 

Cada quien que haga de su cu…erpo un recipiente vibrante y nutrido de conocimientos variopintos. La decisión de lo que hace mal o bien la debe experimentar cada quien consigo mismo. 

Por eso, vive, come como quieras y deja vivir.

Tal vez te interese ver:

Artículos recientes

Escritora y cronista.

Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial / Manifiesto de una Gen X

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad