Disclaimer inicial: Reconozco que hablar de este tema será difícil sin que esa señora conservadora (para lo que le conviene) que es Google lo censure, pero haré el intento.

Por Nixon Piñango.

Una de las ideas más revolucionarias que vino con la llegada del nuevo milenio y con el acuño de las nuevas tecnologías fue el micromecenazgo, mejor conocido por su palabra en inglés: crowdfunding. Las nuevas posibilidades que nos dieron las redes sociales para abarcar mucho más ámbito y llegar a más gente desde la comodidad de nuestros hogares, abrieron la posibilidad de un sinnúmero de oportunidades que en otro escenario no hubiesen surgido.

De eso se trata el micromecenazgo, de aprovechar la influencia para obtener un beneficio, generalmente económico, sin necesidad de depender de la venia de un ente único que aporte todo el capital que necesita una actividad para desarrollarse, como era antes. Y es que, desde tiempos antiguos, determinados oficios siempre han requerido de mecenas: la música, por ejemplo; antes eran las cortes reales las que asalariaban a músicos para sus entretenimientos particulares. Después, en el siglo XX, ese papel lo cumplieron las disqueras, pero ahora hay un sinfín de plataformas para que los músicos independientes consigan dinero, como Patreon, Kickstarter, la plataforma de partners de Google, entre otras.

Lo interesante de esto es que el micromecenazgo se ha extendido a rubros que no imaginaríamos, como el de la pornografía. Antes, el modelo de negocio del cine para adultos era similar al de las disqueras o compañías privadas de cine, se basaba en productoras que invertían dinero en la realización de escenas, poniendo el capital inicial para pagar a actores, camarógrafos, asistentes, escenógrafos, etc., para después iniciar todo un proceso de distribución de material físico o digital y obtener las ganancias a partir de las ventas.

Ahora, gracias a la innovación tecnológica, la realización se puede independizar al punto en que las productoras son prácticamente innecesarias. Una persona que considera que tiene las dotes necesarias para ser estrella porno, puede valerse de un simple teléfono y de plataformas como OnlyFans o JustForFans para obtener, por sí misma, beneficios económicos.

 

Relación costo beneficio

Un amigo mío tiene una cuenta de OnlyFans. Su nombre es Henry Licett y hace varios años se dedicaba al teatro erótico en Venezuela. Después de que abrió su cuenta en la plataforma y la promocionó a través de sus redes sociales, comenzó a ver cómo sus ganancias no paraban de crecer. Basta con mirar la página inicial de su perfil para sacar un cálculo: once mil setecientos seguidores, a cincuenta dólares cada uno, da una cifra que ronda los quinientos ochenta mil dólares.

Esa cifra supone una producción mensual, pues las suscripciones a una cuenta en OnlyFans se renuevan cada treinta días con el plan más básico, y si suponemos que él mantiene la misma cantidad de suscriptores todos los meses, la producción anual es, sin duda, cuantiosa: mucho más de cinco millones de dólares. Pero no significa que Henry tenga en mano (neto) esa cantidad de dinero, porque se le hacen deducciones en base al porcentaje que se queda la plataforma y los impuestos que tiene que pagar. Ahora, suponiendo que dichas deducciones alcanzaran un cincuenta por ciento (restando además las subscripciones de cortesía y los descuentos para ciertos planes), ya estaría ganando más que cualquier profesional de un país del Primer Mundo.

Esto me lleva a la relación costo-beneficio de ser una estrella porno independiente. Muchas veces, el contenido de OnlyFans es sumamente básico: videos cortos y fotografías hechas con celular y con tomas en entornos cotidianos, es decir, materiales que no requieren de demasiado esfuerzo. Por eso la gente lo considera un «trabajo fácil».

El mayor esfuerzo detrás de esto quizás sean las comunidades previamente construidas en otras redes sociales que tienen esas personas (que suelen ser sus mismos community managers), como Instagram y Twitter, aparte de que muchos de los que tienen cuentas pornográficas en OnlyFans y JustForFans, cuidan sus cuerpos (invierten en ellos) y tienen dotes naturales que se valoran por encima de lo regular, no sé si me explico (son un producto relativamente escaso).

Conservadurismo frente al capital y la independencia financiera

Cuando utilizamos la palabra capital no sólo nos estamos refiriendo a dinero o maquinarias que le generan riqueza a un emprendimiento, sino a todo aquello que pueda generar riqueza, sea palpable o no, sea obvio o no. Para un trabajador sexual, léase prostituto, stripper o actor pornográfico, etc., el capital primario es el cuerpo, natural o artificialmente dotado. El cuerpo es para el actor porno lo mismo que el coeficiente intelectual para el astrofísico divulgador.

El cuerpo, en combinación con otro tipo de capitales, como la tecnología, ha dado rienda suelta a una industria que mueve miles de millones de dólares todos los años, dinero que ha dado ingreso y ha sacado de la pobreza a un montón de gente. Entenderlo es fundamental y sirve como ejercicio para modernizar el comportamiento humano y abandonar preceptos conservadores que atacan ciertas libertades individuales.

Y es que, ¿qué pensarían si les dijera que una buena parte del dinero que utilizamos a diario ha estado alguna vez en la ropa interior de un stripper o ha pagado por sexo convencional o por prácticas sexuales alternativas divergentes entre orientaciones sexuales y cantidad de personas involucradas a la vez?

Hay una frase de Bernard Mandeville que ilustra muy bien esto que digo y que subtitula su obra más famosa, La fábula de las abejas: la frase es «vicios privados, beneficios públicos», y vaya que la pornografía publicada en OnlyFans ha dado muchos beneficios de los que no se suele hablar, entre los cuales está la independencia financiera de los que la ejercen, quienes ahora controlan en su totalidad el contenido que se produce con su cuerpo.

Para nadie es un secreto que la industria del cine triple equis ha estado llena de cosas negativas, como la trata de personas, el acoso, las estafas y otro montón de cuestiones similares. Y plataformas como OnlyFans han hecho más para solucionar esto que todo el entramado legal que regula la actividad sexual de las personas y el dinero que se hace a partir de ésta; otro logro más del capitalismo.

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